Sobre la religión pre Hispánica en la Cordillera del Bálsamo
Antes que nada, partiré de la afirmación simplista: “el ser
humanos es religioso por naturaleza”. Entendida aquí, como ser que busca
explicación, en lo que no conoce o no alcanza a comprender y ha achacado a la
divinidad o que no puede controlar. La vida, la tierra, la fecundidad, la
enfermedad y la muerte son cosas que
hasta hoy fecha no se comprenden, a pesar que la ciencia ha avanzado a pasos
agigantados, el hombre siempre busca lo divino.
En términos clásico, basados en los principios romanos de la antigüedad, el término "religión" se entendió siempre cómo “el respetar a los dioses” o hacer lo que
digan los dioses o “estar de acuerdo con los dioses” , o como los filósofos griegos pensaron “unir o acercar a la persona con dios o los
dioses”. Ese término o idea fue traído por los conquistadores a nuestras tierras con la conquista del siglo XVI , basados, estos, en los
principios romanos de religión que se entendió siempre cómo “el “estar de acuerdo con los dioses” .
Pensando ya más regional, los pueblos originarios de esta zona de la llamada Cordillera del
Bálsamo, o costa sur del territorio salvadoreño, practicaban la religión natural, basada en la armonía de la naturaleza, de los ciclos de los astros, el culto a los ancestros, las cosechas, etc. En la mayoría de los casos fue, desde un principio satanizada por los conquistadores, ridiculizada, violentada. Sin anacronismos, fue desprestigiada por siglos de asedio español y perjudicada en la
época republicana. Lamentablemente, cuando ya no teníamos invasión extranjera, sufrió serios embates a principios del siglo XX .
Pero curiosamente, a pesar de todo, nunca se ha olvidado del todo.
Los pueblos de la región del Bálsamo, hacía mucho tiempo que
existían dispersos por la cordillera, los más grandes han quedado por ser asentamientos que sobrevivieron a los avatares del tiempo como los terremotos, los temporales, las pestes y las plagas, algunos desaparecieron al volverse reducciones (Como el caso de Atehuan, el actual ateos) para su mayor civilización y cristianización. Por vestigios arqueológicos, podemos afirmar, que antes de la colonización europea ya hubo una fusión de
culturas pre hispánicas, mayas, náhuatl y náhuatl pipiles(que no son objeto
profundo de mi estudio, ni esta narración posee carácter científico ).De esto
podemos deducir, que también tenían una mezcla religiosas previas a la llegada
del cristianismo, es decir no había para la época de la evangelización una
ritualidad oficial, ni un credo oficial como lo entendía la religión católica,
ni mucho menos había ya en la zona grandes templos ceremoniales, como los que
existieron en la ciudades de mayas siglos anteriores, o el cercano centro ceremonial de San Andrés en el valle de Zapotitan, Atehuan o Tacuzcalco etc. entre otros cercanos a la región de la cordillera. Podemos especular, por
ello que la religión en ese momento era más de uso doméstico.
La madre tierra, es por mucho una de las principales
divinidades de la cultura de nuestra zona, divinidad de carácter femenina a la
que se representaba en esculturas de barro y se colocaban ofrendas de flores,
incienso, fruto etc. De igual manera el dios de la lluvia, al trueno, al relámpago
etc. De igual forma las divinidades venias en forma de animales a proteger al
recién nacido, a avisar buena fortuna, una muerte cercana, o la pérdida de la
salud por plagas o pestes. En una
sociedad que carecía de salud y la mortandad infantil era muy grande la figura
de los divino es muy fuerte, el sacerdote, o curandero era muy importante y
tenían grande prestigio y valor. De igual manera las parteras, las curanderas,
las sobadoras, y las que libraban del mal de ojo.
La adoración del sol, la luna y las estrellas, era de suma importancia,
ya que ellos macaban la fecha de cada acción social, la siembra las fiestas,
las bodas, los partos etc.
Importante también la veneración a la muerte, a los ancestros, y la
espera de espacios intemporales en el más allá: paraíso, lugar de los
ancestros o lugar de los muertos
descarnados (no confundir con las definiciones cristianas de postrimerías)
situación que aún se conserva con mucha fuerza en los pueblos de la zona.
"Sólo venimos a dormir,
sólo venimos a soñar:
no es verdad, no es verdad
que venimos a vivir en la tierra.
En yerba de primavera venimos a convertirnos:
Llegan a reverdecer,
llegan a abrir sus corolas nuestros corazones,
es una flor nuestro cuerpo:
da algunas flores y se seca."[1]
.
Por su parte la religión cristiana que vino a la conquista de
América era estructuralmente distinta a la religión originaria de la cordillera, en pensamiento
jerarquía, culto, divinidad, infraestructura etc. Para los misioneros la tierra
celestial prometida era similar al nuevo
Mundo, lo que impulso a fundar misiones
en cada pueblo con un número mayor de clérigos y religiosos:
“El objetivo principal de las misiones religiosas fue el crear una
sociedad con los beneficios y cualidades de la sociedad cristiana europea, pero
ausente de los vicios y maldades que la caracterizaban. Estas misiones fueron
fundadas por los jesuitas en toda la América colonial, y según Manuel Marzal,
sintetizando la visión de otros estudiosos, constituyen una de las más notables
utopías de la historia.”[2]
Pero la dimensión y la
geografía de la zona no les permitía estar mucho tiempo, ni evitar que los
religiosos enfermasen o murieran de las raras enfermedades de la zona o que
sucumbieran al duro calor de los veranos
en la zona costera de nuestra región.
Por todo ello, dejaban
una figura de un santo protector, a quien los indios no tardaron en adorar y
ofrecer ofrendas o sacrificios, sobre todo por la decoración ornamental y
calidad de talla que llevaban a un pueblo x o y. Por ejemplo, si el santo tenía animales era más famoso y era más milagroso, es decir, se aplicaba lo
de la tradición del náhuatl o protector al niño, o la figura de la Virgen María
como la similar de la tierra madre etc. etc.
Pero la conquista fue gradualmente avanzando y no se tardó en
destruir los antiguos dioses e imponer la nueva religión.
“ Bien entrado el siglo XVII, Zurbarán pintaba vírgenes a un
ritmo meteórico en su taller de Sevilla Cada día salía un barco con destino a
las Indias cargado de cuadros, tallas y biombos con imágenes de santos, cristos
crucificados, apariciones de ángeles o bautismos. Los dioses indígenas habían
muerto y había que sustituirlos rápidamente por otros. En esos barcos, un
auténtico puente marítimo entre el reino de España y el virreinato de Nueva España,
también viajaban artistas, nobles y frailes que se asentaron en el Nuevo Mundo
y ayudaron sobre el terreno a la importación de arte al servicio del imperio”[3].
Fray Bartolomé de las Casas consideraba la Conquista de América como una
de las «maravillas» del mundo. Sin embargo, la definía también como «la
destrucción de las Indias»:
En estas ovejas mansas, y de
las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los
españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones
cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta
años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas,
matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las
extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas
maneras de crueldad.[4]
Como resultado de esta invasión los pueblos originarios
fueron obligados a destruir sus dioses antiguos y toda aquella representación
física que evocara a las divinidades,
que para los españoles eran demonios y amuletos de brujería. Pero la imaginaría
cristiana suplió la que existía antes.(de esta afirmación hablaremos en un
estudio más profundo)
[1] La muerte en el pensamiento náhuatl, Edén
García Retamoza 12 de julio de 2016 http://filosofiapractica.no-ip.org/ensayo/muerte-pensamiento-nahuatl.php
[2] Marzal,
Manuel M. Las Misiones Jesuitas, una Utopía Posible?. En Marzal, Manuel María
& Tua, Sandra Negro (1999). Un reino en la frontera: las misiones jesuitas
en la América colonial. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del
Perú, 1999. pp. 489-495
[4] De
las Casas, Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

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