Cumpliendo promesas


En muchas partes del mundo  podemos ver monumentos arquitectónicos, de hace muchos siglos, casi eternos, que  están casi igual que el día que las colocaron por primera vez.Hay excepciones, el paso del tiempo es un  desgaste natural, contra el tiempo nadie puede. Por otro lado, a diferencia de las rocas, las personas son dinámicas. Bajo este presupuesto, de dinamismo y acción me viene a la memoria un suceso que ocurrió  la madrugada del 23 de julio de 2004 en Tepecoyo.  Aquella señora, a la cual  las décadas habían marcado la sien, había vivido, como pocos, en los albores de dos siglos, tecnologicamente muy distintos. Aprincipios del Siglo XX aún continuaba nuestro mundo con prácticas de siglos que habían construido el imperio Español, la joven república, guerras, dictaduras, catástrofes naturales, una enciclopedia andante, llegó a ver los inicios de la era digital. Se encontraba  más que sentada "postrada", a manera de de castigo en una moderna  silla de ruedas,. Lo moderno del armatoste no quitaba los sufrimientos, los males eran los mismos que había visto en otras personas durante tantos años, pero que ahora tocaba ejecutar,  con la precisión y pericia, tal cual ejecutase un violín.  Más sin embargo, soportando con coraje y estoicismo aquella nueva cruz en su avanzada edad. ¡Ha que difícil ha de ser no salir al encuentro! Quien había vivido para salir a encontrar a los peregrinos que bajaban cada 22 de julio del Cerro de las Cruces, no caminar era la peor pena. Que razón tenías Divino Apóstol de los gentiles, cuando decías que ahora ya no ibas a donde querías sino donde te llevaran. Pero, con estoicismo aceptaba aquella cadena y en aquella silla que hacía su cruz o su cadalso.  Resignada, con paciencia y  con mínimos movimientos en sus piernas, se perdía en el bullicio, de gente,  que entraban y salían de su casa.Se escuchaba aquella madruga, gran algarabía pues era ¡día de Cumpas!. Aun así, aquellos peregrinos se dispusieron en la madrugada a continuar su camino cómo siempre lo habían hecho, año tras año.  Un señor, quien amablemente se despedía de la quebrantada anciana fue tomado con fuerza del brazo, fuerza que parecía sobre natural, ya que no parecía proveer de la achacosa anciana.
 Este señor, quien fungía en ese momento como mayordomo de San Lucas, se dispuso a escuchar con respetuosa y reverente atención lo que acentuaba  los labios de aquella nonagenaria: “¡Prométame,  por vida suya, que San Esteban podrá llegar este año a Cuisnahuat!” La señora se quedó con una sonrisa en el rostro, con  ojos vidriosos, llenos de nostalgia  y melancolía cómo perdida en otro tiempo, recordando quizás aquel deseo que tenía desde  año más mozos.
El mayordomo, se quedó casi paralizado ante tan breve frase pero con un sentido profundo y de enormes responsabilidades y compromisos. Ambos sabían lo que implicaba aquella frase, ¡no era cualquier discurso!, no era un simple ritual de despedida, de esas que se dicen por cortesía a cualquier, promesas vacías que puede realizar y que saben que nunca se concretarán, no es un discurso politiquero para ganar adeptos a un candidato x. Discursos, que se llevan el viento ante tétricas piedras mudas. “¡No!” ambos sabían  del poder de la palabra y de una promesa cumplida o incumplida. Pudo dudar en hombre fuerte de la enteresa de aquella anciana. Pudo pensar que ante tal situación una piadosa respuesta resolvería fácilmente aquel incómodo momento, que igual se podía convertir en una piadosa mentira. ¡Pero No!. Con la certeza de una persona de palabra, y con la autoridad que le investía, afirmó: ¡el 26 de noviembre nos vemos! Y punto.

Desde aquel año la venerable imagen, irrumpe y modifica la tradición que por dinamismo propio algún día tenía que suceder.
Reiterando entonces:

hay monumentos de piedra que son eternos, poco  o nada sufren los embates del tiempo, día tras día  han visto el correr de los siglos mudas he inertes.
Hay una piedra con una gruta camino a Cuisnahuat, ahí pernoctan  desde los orígenes de las cristiandad en El Salvador dos imágenes San Lucas y San Cristóbal, gruta eterna, testigo mudo de la infinitud,  con personas dinámicas. Con personas en verdad eternas.






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